lunes, 20 de marzo de 2017

Hugo Koblet, el ciclista encantador, nació un 21 de marzo.

Hugo Koblet, 'el ciclista encantador'
Tour 1951, etapa 11: Brive-Agen, 177 km
Cercana a la costa atlántica, la carrera abandona los Pirineos desde la ciudad de Dax para llegar hasta Toulouse. El Tour de 1951 debía ser el de los Bartali, Coppi, Geminiani, Robic, Magni, Ockers... después de que el año anterior el suizo Ferdinand Kubler ganara ese Tour favorecido por el abandono de los dos equipos italianos. Pero transalpinos y franceses tropezaron con otro suizo, Hugo Koblet, el James Dean del ciclismo, el Mario Cipollini de los años 50, no por sus 'sprints', sino por esa preocupación por la imagen, ya fuera subido en la bicicleta o en su flamante coche.
Entre alimentos y alguna herramienta, Hugo Koblet guardaba en los bolsillos de su 'maillot' una esponja y un peine, que siempre utilizaba antes de cruzar la línea de meta. Se quitaba sus gafas de aviador, humedecía cara y pelo, se peinaba... todo un ritual que enloquecía a las numerosas fans que lo esperaban al final de cada etapa. Después de ganar el Giro de 1950, Koblet no era ni mucho menos desconocido entre el pelotón, aunque no partía entre los primeros favoritos. Fue su cabalgada de 135 kilómetros en solitario en la undécima etapa donde mostró su verdadera dimensión como ciclista. En sentido contrario al que marcha ahora la carrera, humilló a un pelotón que no fue capaz de reducir la distancia, a pesar de que en su punta marchaban Coppi, Bartali, Ruiz Caput, entre otros. No lo pudieron coger, llegó con tres minutos y medio sobre el grupo, ascendió al tercer puesto de la general y dejó claro que el favorito, ese año, era él.
El Tour de 1951, y la tragedia de 1964
Por primera vez desde que arrancó la 'Grande Boucle' en 1903, la carrera no partiría desde París, sino de Metz. El Tour de 1951 completó el bienio de dominio suizo bautizado como la doble K (Kubler - Koblet) y de él, además de la sobresaliente actuación del ganador, se recordará por la pena de Fausto Coppi, que acababa de perder a su hermano Serse; por el accidente de Wim van Est, que tuvo que abandonar cuando era líder al despeñarse por uno de los balcones de 75 metros de altura que asoman por el oscuro Aubisque; por ser la primera vez que se subía al Mont-Ventoux, donde ganó Louson Bobet; pero, sobre todo, por las dos victorias de Bernardo Ruiz. La primera en la etapa 10 (Clermont Ferrand-Brive), en una fuga larga, un día antes de la de Koblet, en la que llegó a disponer de casi 15 minutos de ventaja que en la meta se quedaron en algo menos de dos; la segunda, días más tarde, entre Briançon y Aix les Bains, derrotando a Jean Robic. Fue la apoteosis, "desde entonces, me miraron con más respeto", recordaba. Al año siguiente acompañó a Coppi y Ockers en el podio de París.
Hugo Koblet ya avisó en la primera contarreloj larga, de 85 kilómetros. Un minuto a Bobet, un poco más a Coppi, casi tres minutos a Magni, cinco minutos a Bartali. Luego vino su demostración camino de Agen, pero el amarillo no llegó hasta el día grande de los Pirineos, con meta en Luchon, después de superar Tourmalet, Aspin y Peyresourde. Repitió victoria camino de Montpellier, al encontrar la escapada buena junto con Geminiani, que se perfilaba como su gran rival cuando llegaran los Alpes. El francés se colocaría segundo en la general, a un minuto y medio del líder. Pero Geminiani siempre tenía un día malo, como le pasó en el 58 ante Charly Gaul, el tremendo día del Luitel. Esta vez le tocó en el Izoard, donde de nuevo emergería la gran figura de Fausto el 'campionissimo', que hizo saltar la carrera en mil pedazos. Geminiani mantuvo la segunda plaza, pero ya a nueve minutos del suizo, que confirmó su dominio aplastante en la última contrarreloj. Al final, su ventaja superó los 20 minutos en un Tour que rodó a 32 km/h.
Así de rápido corría sobre la bicicleta Hugo Koblet, igual que en la vida. Velocidad y riesgo formaban parte de su modo de ver el mundo. Después de ese Tour ganó un par de Vueltas a Suiza más y volvió a subir al podio en el Giro, pero pronto se cansó. Realizó alguna gira, como la de México, donde comenzó a dilapidar su fortuna, su fama y a protagonizar desencantos amorosos. Así hasta que un día estrelló su coche contra un árbol y perdió la vida. No se sabe si lo hizo intencionadamente o fue un accidente. Luis Miguel González, en su libro 100 años de Tour de Francia, cita a Louison Bobet: "Murió a 100 por hora, igual que había vivido".
Fuente: www.elmundo.es
Manuel Pérez Aguirre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada