martes, 20 de marzo de 2018

Louison Bobet



Louison Bobet


Louison Bobet, uno de los nombres legendarios del ciclismo mundial, falleció hoy hace 35 años, en Biarritz, donde residía, tras una larga enfermedad. Con él desapareció una de las figuras clásicas del ciclismo moderno, que en la década de los años 50, con tres victorias en el Tour de Francia, el primer ciclista que lo logró, elevó el deporte de las dos ruedas a sus más altas cotas de popularidad y epopeya.

Su carrera tuvo el gran mérito de coincidir con la de dos generaciones históricas: Bartali, Coppi o Kubler fueron sus primeros rivales, y Anquetil, Gaul o Bahamontes, que ganó el último Tour corrido por Bobet en 1959, los más modernos. El ciclismo actual, que lucha por salir del marasmo en el que su propia dureza, la economía y los nuevos tiempos más cómodos le han llevado, tiene que mirar obligatoriamente con nostalgia y envidia hacia atrás cuando surgen recuerdos tristes como la desaparición de Louison Bobet. Su caso, además, es especialmente significativo. El de una figura en sí y con la entidad de triunfar no sólo entre una gran generación de rivales, sino a caballo de dos. Cuando se discute las calidades de Hinault, el gran dominador de aquellos tiempos por la falta de una oposición de entidad; incluso las razzias de Merckx, indiscutible campeón hambriento, pero casi en solitario, se pueden valorar aún más los éxitos de Bobet ante rivales como Bartali, Coppi, Kubler, Koblet, Ockers o Magni, pero también a Bahamontes, Anquetil, Gaul, Van Steembergen, Baldini o Nencini.

Bobet estaba y seguirá considerado en Francia, pese a la larga historia de figuras del deporte galo, como uno de los tres monstruos sagrados. Los otros dos son el boxeador Georges Carpentier y el futbolista Raymond Kopa. Al igual que los aficionados cojeaban cuando Kopa tenía problemas en su tobillo, allá por el año 58, en el primer éxito francés del Mundial de Suecia, también sufrían los males de Louison Bobet, muchas veces con forúnculos y sin poder sentarse apenas en el sillín de su bicicleta.

La admiración era casi veneración por un ídolo que había forjado sus triunfos desde la mayor humildad, a fuerza de un trabajo serio y tenaz. Hijo de mineros polacos, pinche en una panadería en su infancia, fue un pionero. De constitución frágil (aunque alto, pues medía 1,78 metros y pesaba 74 kilos en su mejor forma) impuso el entrenamiento científico, dando más prioridad a la velocidad que a la dureza (conseguida con su férrea voluntad), y un régimen de alimentación correcto, antes casi inexistente y, sin embargo, tan importante para un ciclista.

No fue extraño, pues, por toda su tenacidad, equilibrio y rectitud, que después de su retirada, tras un grave accidente de automóvil (que conducía su hermano Jean) en 1961, que le produjo una fractura de fémur y otra de tobillo, se convirtiera en un próspero hombre de negocios. Fundó el Instituto de Talasoterapia (tratamientos reumáticos) de Quiberon en 1964 y se instaló en 1970 en Biarritz, aparte de abrir más centros de rehabilitación por toda Francia.

Bobet, que tenía 58 años, enfermó en 1981 y tuvo que ser operado de un riñón. A mediados de octubre de 1982 sufrió otra delicada intervención para extirparle un quiste inflamatorio del cerebro, que le provocó una parálisis parcial del lado derecho. No se recuperaría.

Bahamontes, que corrió con él, desmitifica el posible chauvinismo que sí se ha podido plantear en el caso de Anquetil: "Era un gran corredor, fuerte, alto, muy completo, estilo Merckx, a quien más se parecía. Pero, sobre todo, era un señor y un gran deportista. Jamás se dejó ayudar ni empujar por el equipo como hacía Anquetil, el mismo Merckx y la mayoría. Prefería abandonar como yo. Eso le pasó, por ejemplo, en la etapa que gané en Aurillac, el 14 de julio de 1959. Pero también sabía sufrir como nadie y así podía ganar en condiciones durísimas. Por ejemplo, en el Mundial de 1954, en Solingen. Bajando era muy bueno, también, y entre un frío tremendo, que a mí no me pasó ni en el coche, ganó el Campeonato. Y eso que allí estaban nombres como Coppi, Kubler o Koblet".

Fuente: El País

Por Manuel Pérez Aguirre (c)


No hay comentarios:

Publicar un comentario