miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mi relación con el ciclismo

Mis tíos Eduardo y Rosa en mi boda

Mi relación con el ciclismo, es esencialmente de origen emocional. Sin embargo, parafraseando a Juan Ocaña, diría que siempre me ha gustado el ciclismo. Desde que aprendí a andar en bicicleta cuando mi padre me retiró por primera vez las "ruedas auxiliares" y yo fui contra un árbol, en el Parque del Campo Grande en Lisboa, exclamando; "Padre, el estúpido árbol no se quitó de enfrente." Con cuatro años, ya había publicado un dibujo (no lo encuentro...) del reconocido ciclista del Sporting, João Roque, en el ya desaparecido periódico "Diário de Lisboa", por sugerencia de mi tío abuelo, Fernando Pimentel.
Entonces fueron el pedaleo desenfrenado durante las vacaciones de verano en São Martinho do Porto, con "ruedas auxiliares" y "sin ruedas auxiliares" hasta mi adolescencia, donde disputé carreras llegando al "sprint" a gran velocidad, tanto en São Martinho Porto, como en Olivais Sul, mi casa y de mis padres hasta casarme. Afortunadamente nunca he tenido una caída seria, ya que el uso de casco no era habitual. Esto, hasta que robaran mí querida bicicleta, que tenía un manillar francés tipo "Moustache", muy en boga en la época.


São Martinho do Porto, Portugal (1965)

Seguí asiduamente en la televisión con interés y pasión, todas las Voltas a Portugal, donde pontificaba Leonel Miranda (lo conocí personalmente en 2013, en el Centenario de la Subida da Calçada da Glória, y que se me presenta, a lo que me respondió que era muy parecido a mi tío) Joaquim Agostinho y Firmino Bernardino. Son los nombres que más retengo en la memoria. Además la prestación de Joaquim Agostinho en el Tour de Francia. Mi padre me dijo que mi tío había sido ciclista y ganado el Oporto-Lisboa, batiendo el récord de la prueba que iba a tardar muchos años en superarse (de hecho fueron 14 años).
Mi tío Eduardo, esto, el gran velocista y pistard portugués de los años 40 (en el momento todavía no tenía esta noción), lo vio de forma esporádica, al regresar de Angola, donde se había trasladado en 1954, o al regresar de sus viajes de viajes a Europa,  lo que hacía a menudo. Lo vi y conviví con él, no más de una docena de veces. Fue realmente un amante de los viajes, y tenía una vida llena y completa en este sentido.
Luego fue el ingreso en la universidad, citas, matrimonio e hijos. Bicicleta y ciclismo se quedaron atrás, así como el Karate-Do, que había empezado a practicar con 15-16 años. Los años pasan, mi tía Rosa fallece en 1994 y mi tío Eduardo, tres años más tarde, en 1997. El tiempo pasa demasiado rápido para nosotros y sólo es verdaderamente así cuando llegamos a la edad madura.
En la víspera del Año Nuevo de 2013, me acordé de mi tío Eduardo. Habían pasado 15 años desde su muerte. Algo trascendente y sobrenatural había sucedido. Era como si él hubiera llegado a mí. He buscado en internet por él y allí mismo, encontré fotos en el archivo del Torre do Tombo. Fotos de su victoria en el 1er Circuito "O Século", en 1938. La investigación adicional revela su historia brillante en el sitio digital del Museo de Ciclismo, con sede en los Países Bajos.


CUF (1938), SLBenfica (1941), GDIluminante (1946) y SportingCP (1947)

La emoción es grande. Una inmensa nostalgia de mi tío me invade las venas. Lo quería de nuevo conmigo, contándome sus numerosas victorias y aventuras. Él que era una introvertida y humilde persona. Nada me fue revelado en este aspecto. Investigué por periódicos decenas, cientos de horas, días y días, en la Torre de Tombo, en la Hemeroteca Municipal y en la Biblioteca Nacional.
Me encontré con cientos de fotos de él en las cubiertas y artículos de periódicos y revistas de deportes de la época. No sólo había ganado el Oporto-Lisboa. Había sido un gran corredor portugués. El mayor velocista y pistard de su tiempo, junto con João Lourenço. Un tiempo maldito, de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra Mundial. Con el material recogido, escribí su biografía. El libro hace furor en el medio velocipédico portugués. Es incluso apodado por el Profesor Marçal Grilo, una autoridad en la materia, una de las mayores contribuciones de siempre en la historia del ciclismo portugués (sic). A los 53 años de nuevo compro una bicicleta y doy unos paseos de mantenimiento. Unos pequeños paseos, por cierto, porque el miedo de andar en la carretera y ser atropellado por un vehículo, es muy grande.

40 años separan estas dos fotos

Mi relación con el ciclismo, de sólo un simple "gusto" pasa el modo a una relación más emocional, marcada por la presencia espiritual constante y fuerte de mi tío. Llegó a ocupar una gran parte de mi tiempo, la investigación y la escritura, en todo lo que se relaciona con el ciclismo. Parafraseando nuevamente Juan, nació una nueva "víctima", mi esposa María Helena, y también le pediré que me disculpe por esta nueva etapa de nuestra vida, solicitando y dándole las gracias por su comprensión.

Eduardo Lopes

Lisboa, 10 de diciembre, el año 2016

3 comentarios:

  1. Gran y sentido artículo, Eduardo. Me ha encantado, sobre todo tu sensibilidad y pasión, que observo compartimos y disfrutamos. Esperemos continuar así durante muchos años........

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    1. Gracias Juan.
      De hecho, es así. Para mí, el ciclismo y mi tío es el mismo. Una forma de revivir.
      Saludos.

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  2. Precioso e inspirador artículo Eduardo !

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